Jardines Reales

La historia de los Jardines Reales

Los jardines ocupan una superficie de 40 hectáreas entorno a la Villa real. Por detrás del Serrone, que delimita el jardín geométrico actualmente dedicado a la rosaleda, se accede a la zona arreglada “con estilo inglés”, caracterizada por una naturaleza que aparentemente se ha dejado espontánea, pero que en realidad corresponde a un proyecto concreto de conjunto ideado por el arquitecto Giuseppe Piermarini. Siguiendo los senderos entre la abundante vegetación arbórea y arbustiva, llegamos al lago, con el templete clásico al fondo. Desde sus orillas se pueden admirar las frondas de los árboles que se reflejan en el agua, con la gruta y la estatua de Neptuno, o bien atravesar el denominado “jardín rocoso” para bajar hacia el gran prado central, admirando la cascada de agua y el pequeño riachuelo que serpentea entre la vegetación, que en este punto se hace un poco más rala. Siguiendo a la izquierda, a través del catalejo de enfrente de la villa, se pueden admirar el Antro di Polifemo, ya retratado en los célebres grabados publicados junto con el tratado de Ercole Silva a principios del siglo XIX, las murallas neogóticas y la torreta: todos ellos elementos fundamentales de la cultura ínsita en el nuevo estilo paisajístico.

 

Los jardines de la villa archiducal (y posteriormente real) de Monza fueron realizados por el arquitecto Giuseppe Piermarini entre 1778 y 1783, en un primer momento con un planteamiento formal, inspirado en la moda francesa, según un gran diseño geométrico y regular; después, ampliado con el fin de proponer una percepción de unidad con el paisaje de alrededor.
El papel de precursor que asumió Piermarini en la realización de una zona de los jardines según el estilo importado de Inglaterra, aparentemente natural, aunque era fruto de una precisa proyección, queda documentado por Ercole Silva en su tratado Dell’arte dei giardini (1801, 1813), que lo identificaba como «el primero […] en  escribir un ensayo sobre el jardín inglés», si bien había elegido no descartar completamente el jardín formal.
Mientras que el parterre geométrico era la solución ideal para ensalzar el poder y la magnificencia del príncipe, la novedad del estilo nuevo confirmaba la modernización tanto del diseñador como de quien le realizó el encargo (Fernando de Habsburgo), siguiendo las tendencias estilísticas y culturales internacionales, a las que podía accederse gracias a la abundante biblioteca del Ministro Firmian, que contaba incluso con algunos textos de jardinería, y al recuerdo manuscrito del viaje emprendido entre el 1783 y el 1786 por Ercole Silva, a través de Francia, Suiza, Holanda, Inglaterra y Alemania.

 

La preciosidad de los jardines y su inmenso valor cultural, estimulados por la actividad de un profesional excepcional coadyuvado por los jardineros enviados desde Viena por orden de María Teresa de Austria, queda probada por su éxito iconográfico.
La recreación de sus detalles o las vistas de conjunto realizadas por pintores y grabadores desde la época de su realización, tuvieron un impulso especial gracias a la consciencia de su importancia como hito italiano del nuevo estilo, ayudada por la política cultural que promovieron los Habsburgo y por los encargos de Eugenio de Beauharnais.
Los numerosos grabados, los cuadros y las fotografías de los diferentes elementos de la decoración y sobre todo de su romántico lago, con el templete realizado por el arquitecto Piermarini, son capaces de expresar la belleza de un lugar en el que el tiempo parece haberse detenido.

 

La variedad botánica actual, con ejemplares de gran valor, es resultado del esmerado trabajo de expertos jardineros, que desde principios del siglo XIX introdujeron más de 15.000 especies diferentes.
El mantenimiento de los jardines, precisamente, se encargó en un primer momento a Luigi Villoresi, que fue quien recopiló el primer “catálogo” de plantas, y de entre los fundadores de la escuela local de jardineros, después se encargó a Giovanbattista Rossi y a Giuseppe Manetti: técnico jardinero y botánico de fama internacional, que desempeñó un papel fundamental en la introducción de especies exóticas y raras.